Tempranito despertamos, bueno, ella más temprano que yo; escuché que despierte pero seguí sin abrir los ojos, tratando de seguir durmiendo, después de todo, el despertador no había sonado; salió, escuché voces, entre sueños me la imaginé sentada a una mesa, con los franceses que debían estar allí, pues escuchaba sus voces, y los vi allí, a la mesa, jugando algo, no podía ver bien que era, ni quienes eran los franceses, la única persona que veía con claridad era a Nathalie.
Sonó el despertador y me levanté, ella no estaba en la habitación, pero tampoco afuera, seguía escuchando las voces, pero no había nadie afuera, ni siquiera había una mesa, nunca había habido una mesa; al momento me pareció estúpido lo que había imaginado, después de todo, Nathalie me había comentado lo mal que le caían la mayoría de los franceses, era tonto imaginármela platicando con ellos.
Nathalie entonces entró a la cabaña, con su ropa recién lavada en la mano, entonces me di cuenta que lo que estaba haciendo era lavar su ropa por la mañana, jajaja, mucha diferencia de eso a estar jugando. No pude evitar preguntarme ¿qué tan temprano se había levantado? Cuando la vi de reojo antes de que suene el despertador, leía uno de los dos libros que compró en Mérida; si tuvo tiempo de leer un poco y lavar su ropa, seguramente despertó bastante temprano.
El despertador sonó a las 8:40 pues el tour salía a las 9am, entonces me levanté, me puse las sandalias, tomé mis cosas y salimos. Aún así llegamos temprano y tuvimos que esperar varios minutos a que llegara la camioneta por nosotros. En lo que esperamos, compramos un par de tortas para el día, y hablamos con la encargada de las cabañas, pues íbamos a quedarnos otra noche más pero ¡no teníamos ni un centavo! Teníamos que pasar a un cajero y bueno, solo en la ciudad hay cajeros, en el Panchán, nada de eso.
Un poco atrasada, pero llegó la camioneta y salimos, éramos los únicos en ese momento, pero pasó por más gente por el camino, aún así, la camioneta no se llenó, y llegando a la primera cascada, Misol-Ha, nos unimos a otro grupo. Con la frescura de la mañana, y la frialdad del agua del río no se nos antojó meternos a nadar, entonces solo caminamos por allí, tomamos fotos, y nos sentamos a platicar; teníamos 40 minutos para visitar el lugar.
El lugar es bonito, se veía muy bien, pero no fue lo que esperaba, por algún motivo desconocido no me convencía de que en realidad era lo que debería ser hasta que Nathalie me comentó porqué: "Estas tan acostumbrado al agua cristalina y azul de tus cenotes que esto ya no te sorprende". Puf… yo creo que tiene toda la razón. Sin embargo, Misol-Ha tiene lo suyo, y aunque no entramos a gruta porque ella no tenía los zapatos adecuados y se resbalaba mucho, pues si era muy agradable estar allí, sentados, disfrutando el momento.
La segunda, y última parada, fue Agua Azul, lugar mucho más grande que el primero, y más atractivo, aunque de nuevo, el agua no era azul
En Agua Azul caminamos cuesta arriba hasta donde llegaba el camino, comprando algo de fruta para comer, yo piña y ella mango; el mango era bueno, sabía a… mango; la piña, no estaba tan buena; pero era piña al fin y al cabo. Nos sentamos a la orilla del río para disfrutar mejor la fruta. El agua estaba helada, ¡muy fría! Con solo tocar el agua con la punta del pie me di cuenta que no quería bañarme allá, ella tampoco. El lugar estaba solitario y tranquilo, era el final del camino y casi nadie llegaba hasta allá. Todo un paraíso.
Después de platicar un rato a la orilla del río, decidimos bajar hacia donde estaba toda la gente, y nadar un poco, bueno, Nathalie quería nadar, yo no estaba muy convencido, pero como sea, bajamos y nos acomodamos en una banca que estaba vacía cerca la orilla del río. Al cabo de un rato me dijo: "Vamos a nadar"; a lo que yo respondí: "Si, ve". "Vamoooos", me dijo. Bueno, ya que… ella se puso su bikini y yo no terminaba de convencerme, pero igual, me quité la camisa y nos acercamos. Uff… helada el agua, recuerdo hice un comentario acerca de echarle un poco de hielo al agua para que quede mejor, jejeje.
El agua ya me llegaba a la cintura y no quería avanzar más. Ella se sumergió en el agua y comenzó a nadar, yo… tardé un poco, pero igual me sumergí, y eso fue lo mejor, una vez dentro del agua, se sentía mejor; igual fría, pero por alguna razón mejor.
Avanzamos más, acercándonos a la caída de agua, de repente comencé a sentir la corriente y se complicaba un poco avanzar, pero igual lo hicimos, y nos acercamos a unas rocas para sentarnos a tomar un poco de Sol. Divino, estar allí, en las rocas, mojándome con el agua, y sintiendo el sol, que no se sentía tanto en realidad, era buenísimo, y platicando con Nathalie… hubiese podido estar allí todo el día.
Un buen rato pasó hasta que decidió salir, y yo le seguí, regresamos hasta donde estaban las cosas y comimos unas ricas papas y galletas; era todo lo que teníamos para el resto del día.
Platicamos.
Pasadas las tres horas que nos habían dado, regresamos a la camioneta y casi dos horas más tarde ya estábamos en la ciudad de Palenque, nos bajamos en la ciudad y no en el Panchán, pues debíamos pasar al cajero para sacar dinero, también aprovechamos para usar internet y ver los boletos para San Cristóbal de las Casas.
Mi idea original era acompañar a Nathalie a Palenque y cuando ella se quitara yo regresaría a Mérida, pero me preguntaba si la acompañaría a San Cristóbal. "No se, no se, no tengo dinero"; le respondía cada vez, "lo voy a pensar y mañana te digo." Regresamos al Panchán para cenar en Don Mucho’s. Ya no vimos a "mi fea"; mi teoría fue que el día anterior había hecho el tour que incluía las ruinas de Palenque, y las dos cascadas; no había modo de comprobar si era verdad pero en realidad no importaba. Nosotros platicábamos de cualquier cosa, ningún tema era discriminado, y así platicando, fue que salió la idea de que me debería hacer un tatuaje, en la muñeca, al principio se mencionó una rodaja de tomate en la muñeca, al final se decidió un chile habanero en la muñeca derecha. Y se decidió que lo haría en San Cristóbal de las Casas… si iba…
