Solsticio de verano en Chichen

Era Sábado cuando Jessica me comentó que habría un recorrido a Dzibilchaltún por el equinoccio de verano.  Leí con incredulidad sus palabras porque, no es época del equinoccio, entonces me pasó un enlace donde estaba la información, ni era equinoccio, ni era en Dzibilchaltún: era el solsticio en Chichén Itzá. Revisando el Diario, encontré una nota al respecto en la cual comentaban que saldría un autobus gratuito a las 3 de la mañana del siglo XXI, también hacía énfasis en que los domingos la entrada es gratis para mexicanos.

Trish se había ido a Cuzamá a pasar el día, así que esperé a que regresara para preguntarle si quería ir, ya que, si el transporte es gratis, y la entrada también, entonces ¿porqué no ir?

Esa tarde hubo bastante que hacer, había música en el teatro Felipe Carrillo, pero llegamos tarde y Jessica tenía que buscar a su amiga, la amiga quería pasar primero al hostal donde se quedaba para dejar unas cosas, y a medio camino Raúl me llamó para decirme que estaba ya en el centro. Nos encontramos todos en el parque de Santa Lucía, de allí fuimos al hostal, y luego… luego decidimos que era muy tarde para entrar al teatro así que mejor fuimos a ver la noche mexicana, la cual se retrasó por la lluvia.

Ni teatro, ni noche mexicana, ni nada, fuimos a comer a Santa Ana y a eso de las 10 de la noche nos quitamos. Llegando a casa me di cuenta que Trish aún no había llegado y no me quedó más que esperar, y esperar… llegó un poco más tarde de las 11 de la noche y al preguntarle si le gustaría ir a Chichén, respondió con un rotundo "Si". Perfecto.

A las 2 de la mañana salimos caminando hacia el siglo XXI, menos de una hora después ya estábamos allí, sin embargo, aunque llegamos temprano ya había bastante gente haciendo fila; lo bueno que no fue un camión nada mas, fueron 3, uno exclusivo para prensa y los otros dos para las personas que quisieran ir. Hicimos fila, nos apuntamos en la lista y esperamos, Haley llegó unos minutos después.

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Llegamos a Chichén-Itzá y ¡oh, sorpresa! ¡Hay que pagar! Porque, si, los domingos es gratis… ¡pero solo a partir de las 8 de la mañana! ¡Puf! 111 pesos para entrar a Chichén… ya no me pareció atractivo, pero bueno, ya estábamos allá, ¿que le íbamos a hacer?

Entramos y caminamos hacia donde se dirigía la gente, no había ninguna señal de hacia donde ir o donde se iba a ver el amanecer o que se yo… así que me limité a seguir a la gente y vi como todos ellos se sentaban frente al Templo de los guerreros, entonces recordé algo: en algún día del año, al amanecer el Sol pasa exactamente en medio del templo de los guerreros pasando por el Chac-Mool, eso era muy importante para los rituales mayas, ya que ellos ponían las ofrendas en el Chac-Mool y al amanecer, al pasar el dios Kin (el Sol), tomaba las ofrendas que allí habían y se las llevaba. Generalmente la ofrenda eran corazones humanos.

¡Bueno! Pensé, eso ha de ser, así que escogí un lugar relativamente alejado y justo enfrente de dicho templo, para tener una mejor vista.

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Esperé, esperamos todos, comenzaba a amanecer, se veían algunas nubes por donde debía salir el Sol, ¿será que arruinarían el amanecer? Esperaba que no. El cielo se iba aclarando, no había señas del Sol pero, definitivamente estaba amaneciendo y de repente, alguien comenzó a tomar fotos de las sombras en el Castillo… no en el templo de los guerreros. El Sol estaba suficientemente arriba para crear esas sombras pero ¡no estaba saliendo por donde se supone debería salir! O mejor dicho, no lo hizo por donde todos creímos que iba a salir.

Todos comenzaron a moverse de lugar, poniéndose de pie y caminando hasta quedar frente a una de los ángulos del Castillo, y comenzaron a tomar fotos. Yo les imité. -¿Qué se supone que debo de ver?- Pensaba, mientas tomaba unas fotos. -¿Esas sombras nada más?- Y tomaba mas fotos.

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Entonces lo comprendí… el efecto del solsticio de verano en Chichén ocurre al alinearse el Sol con uno de los ángulos de la pirámide, quedando entonces dos caras en la luz, y dos caras en la sombra… nada más.

Que decepción.

Decidimos entonces caminar por el sitio, Trish quería visitar todo aprovechando que ya estaba allá, y Haley no quería perder el autobús de regreso que salía a las 8 am precisamente. ¿Coincidencia?. Los guardias del lugar no nos dejaron visitar el sitio porque "aún no está abierto, el sitio se abre a las 8 de la mañana", genial, a la hora que se supone debemos regresar. Nos hicieron pagar entrada completa y no nos dejaron ver nada. Un fraude.

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Sin embargo aún así caminamos por el juego de pelota, cuidando que nadie nos vea nos metimos por el templo de las mil columnas, vimos el mercado y eso fue todo lo que alcanzamos a ver. Faltaron los dos cenotes, el observatorio y chichén viejo, sin embargo a Trish no parecía molestarle y decidimos regresar al autobús.

Al rededor de las 10 de la mañana ya estábamos de regreso en el Siglo XXI, Haley regresó a su casa mientras que Trish y yo tomamos el camión al centro para desayunar un poco. Comimos unos panuchos súper fríos y duros frente al palacio de gobierno, los peores panuchos que he probado en mi vida. En fin. Nos encontramos con Jessica de casualidad, ella iba con su amiga  a progreso, platicamos un rato, pero como a Trish no se le antojaba la playa pues nos quedamos en el centro, caminando por aquí y por allá, y entre que buscamos una farmacia, un lugar para cambiar dinero y probamos el chocolate en Ki’xocolatl se nos pasó el tiempo.

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Aunque los chocolates en este lugar son exquisitos, las bebidas dejan mucho que desear; pero para disfrutar del aire acondicionado, nos tomamos nuestro tiempo allí :)

Claro, tampoco íbamos a quedarnos eternamente, entonces decidimos seguir nuestro camino, fuimos por Paseo Montejo y nuestra siguiente parada fue el Palacio Cantón.

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De nuevo, nos tomábamos bastante tiempo disfrutando cada lugar donde estaban los aires acondicionados, jejeje, por desgracia, no todos estaban funcionando, ¿será que estaban tratando de ahorrar en el recibo de luz? Había partes del museo en los que realmente se sentía incómodo por el calor.

De camino hacia el monumento a la bandera encontramos un lugar para tomar unos helados: "Domo Blanco" que resultó ser un negocio de argentinas, con helado argentino, y todo muy rico. El aire acondicionado estaba súper bien puesto. Casi me da frio al comer los helados en ese lugar, y el sillón, súper cómodo, ¡no queríamos movernos de allí! Pero continuamos hacia el Monumento a la Patria, y de allí, caminar hasta el Parque de las Américas, con una escala en un Oxxo para comprar un Gatorade :)

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Descansamos, platicamos, escuchamos música y casi me duermo, jejeje, decidimos regresar después de aproximadamente una hora de estar por allí, regresamos hasta Paseo de Montejo para tomar el autobús a casa. Y si que tardó en llegar.

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Llegamos al fin a casa y al conectarme a internet Haley me saluda y me pregunta: "¿Me vas a ayudar con mi trabajo?", a las 3 de la mañana, al subir al camión a Chichén, le había prometido que le iba a ayudar con un trabajo que tenía que preparar cuando regrese… puf, ni modo, Trish se quedó en casa y yo salí de nuevo, hacia casa de Haley. Medio camino a pie, medio camino en camión, y llegué, y comenzamos a hablar del trabajo. Pero antes, lo importante, fuimos al Chedraui para comprar algo para comer, yo tenía hambre y ella también así que, ¡primero lo primero!

Dejamos el trabajo a eso de la 1 de la mañana, aún faltaba pero ella tenía que dormir pues temprano en la mañana debía levantarse para ir a dar clases. Yo no tenía problema de levantarme temprano, pero si tenía el problema de que ahora tenía que caminar todo el camino de regreso a casa. Y salí, y caminé… de nuevo. Una hora después de haber salido llegué a casa. Poco más de las 2 am. Llegué a casa aproximadamente unas 24 horas después que había salido con Trish para ir a Chichén. Ella aún no dormía, estaba platicando por internet. Le saludé, y me acosté a dormir.

Dormir, dormir al fin…

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